Archivo de la categoría: Vida

‘The Newsroom’ y la moralina

Hay gente que sólo habla de lo que no le gusta y gente que generalmente se manifiesta cuando algo le gusta. Esto es así. Aparentemente lo más inteligente es ser de los primeros. Hablar con superioridad moral sobre lo mal que está hecha una serie, una película o una novela está bien visto. Decir que algo es bueno es un síntoma de debilidad. Bien, yo soy débil, soy de los segundos ya que predominantemente suelo escribir sobre lo que me gusta. Y ‘The Newsroom‘, la serie de Aaron Sorkin que se estrenó hace unas semana en la HBO no me gusta, sino que me encanta.

Partamos de la base de que trata un tema que especialmente me interesa: el periodismo. Un tema arriesgado, porque todo el mundo tiene una opinión sobre este gremio, generalmente mala. ‘The Newsroom’ ha sido un éxito de audiencia y al emitirse el segundo capítulo ya firmó por una segunda temporada, pero parece que no ha enamorado igualmente a los críticos estadounidenses.

Los principales defectos que le encuentran son la grandilocuencia y la verborrea de los diálogos de Sorkin (yo los admiro), el hecho de utilizar noticias reales y tratarlas en las tramas con la ventaja de tener todos los datos de lo que sucedió en la realidad, algo que no deberían tener los personajes en vivo y, sobre todo, el discurso moralizante sobre cómo debería ser el buen periodismo. Y es esto último, desde mi punto de vista, lo que más ha enervado a los críticos. No soportan que ellos, que son periodistas de verdad, tengan que ser sermoneados por un tipo con gafas y tics nerviosos que se cree más listo que nadie.

‘The Newsroom’ no tiene diálogos realistas: nadie tiene réplicas tan geniales ni ocurrencias tan ingeniosas tan rápido y en tanta cantidad. Pero qué importa, te enamoras igualmente de los personajes. A mí me encanta saber que sí hay alguien tan genial detrás de ellos. ‘The Newsroom’ no está, por tanto, extremadamente sujeta a la realidad, quizá porque es difícil encontrar periodistas tan independientes. Pero es como la realidad debería de ser. ‘The Newsroom’ no sólo es una serie buena, sino que es una serie necesaria. Necesitamos buenos periodistas, no ésos que están influenciados por las audiencias, los poderes políticos o los intereses económicos de las grandes empresas. Y sí, en la realidad, aunque son minoría, existen, como las personas de réplicas rápidas y geniales, los políticos honestos y Aaron Sorkin. Lo que pasa es que difícil verlos entre tanta basura.

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La cultura del no pasa nada

1. “Vigila que no venga el camarero”, me dice un amigo mientras se cuela detrás de la barra de la fiesta universitaria de Farmacia y comienza a preparar varios cubatas. “Tío, que nos van a pillar, ¿qué haces?”, le reprendo. “No pasa nada, tronco. ¿Ves? Ya está, terminado”. Cogemos los cubatas y nos largamos habíendonos ahorrado poco más de mil pesetas. Luego, durante la alta ingesta de alcohol, mi amigo se pavonea de cómo nos hemos ahorrado una pasta a la par que demostrar lo listo que es por haberlo conseguido.

2. Una conocida franquicia de locales de pintxos vascos en Madrid. Unos amigos tomando unas cervezas y disfrutando de los sabrosos bocados y tirando los palillos (con los que luego el camarero cuenta el número de pintxos consumidos) al suelo. “Tío, ¿por qué tiras los palillos, que luego nos tienen que cobrar”. “Si no pasa nada, no se dan cuenta”, te contestan.

3. “Ayer me vi una película en Filmin. Me costó 2,99 euros”. Qué pringado, piensan mis amigos. “Si te las puedes descargar gratis y no pasa nada“.

Todas estas anécdotas son verídicas.

Nos quejamos de que Urdangarín se lo lleva crudo. De que los políticos recalifican terrenos y firman licencias de urbanismo con el único objetivo de llenarse los bolsillos. Nos molesta que los empresarios crean sicavs para evadir impuestos. También nos indigna que los directivos de las cajas acumulen pensiones millonarias. Pero todos ellos lo hacen también porque piensan que no pasa nada, que no les van a pillar.

Lo que está sucediendo en España es porque al final sí que pasa algo. Y todos, cada uno con su porcentaje de responsabilidad, hemos contribuido a ello. En España, la cultura de la picaresca, ésa que tanto nos enorgullece, ha constituido nuestra ruina. Pero sí, es cultural, o diría más, es un problema de moral, de concepción de la ética. Quizá lo que deberíamos hacer es inculcarles a nuestros hijos la cultura de la honestidad, sin importar si nos pillan o no nos pillan. Pero claro, para eso tenemos que querer.

El espectáculo de la tortura

Cuando era pequeño, mis amigos y yo no perdonábamos la excursión anual al Museo de Cera de Madrid. Nos lo pasábamos como enanos que éramos. Pero la estatua de cera estrella no era ni la de Emilio Butragueño ni la de Arnold Schwarzenegger. La principal atracción era la sala de toturas de La Inquisición. Había algo de fascinación ante la barbarie y de impresión ante la espeluznante manera de maltratar a los humanos. Era algo que se veía lejos, muy lejos en el tiempo, pero con horror descubrimos que está tan cerca como el propio siglo que vivimos. Hoy la maquiavélica cabeza del ser humano sigue imaginando maneras de torturar a las personas, con el objetivo de sacarles información o, las más de las veces, por el puro placer de hacerlo.

Damien Corsetti fue un soldado estadounidense que se convirtió en el ejemplo para el mundo de torturador en las guerras de Afganistán y de Irak. Sin haber recibido formación para ello, se convirtió en interrogador profesional en la cárcel de Bagram (Afganistán) y Abu Grhaib (Irak). El ejército de Estados Unidos quiso personalizar en él las culpas de algunas ovejas descarriadas de su rebaño, sin reconocer que era el propio sistema militar norteanericano el que provocaba que se produjeran tales aberraciones. Corsetti fue apodado ‘El monstruo’ por algunos compañeros soldados, pero no por su cruel manera de interrogar, sino porque ya llevaba esa palabra (Monster) tatuada en su cuerpo.

El corresponsal del diario ‘El Mundo’ en Washington, Pablo Pardo, conoció a Damien Corsetti, intimó con él, llegó a considerarse amigo de él y lo entrevistó para escribir ‘El monstruo’, un reportaje periodístico publicado por la recién nacida editorial Libros del KO. Los editores son amigos míos, y han sido tan valientes como para lanzarse al vacío creando una editorial en un momento como éste. El corresponsal de ‘El Mundo’ en Washington no es mi amigo, pero eso no quita para que no hable de su obra en este post. Un libro escrito de manera atropellada en su primera parte, y mucho más clarividente en la segunda, sobre un tema que parece sacado de una película, pero que, oh sorpresa, es la cruda realidad.

El libro relata, en una primera parte, la estancia de Damien Corsetti en la cárcel de Bagram, dónde, hasta arriba de jachís, asistía al sinsentido de la guerra y ejecutaba los interrogatorios sin preguntarse si lo que hacía estaba bien o mal. Irónicamente, la guerra sirvió para que se culturizara sobre los países en los que estuvo. Uno aprende qué es el waterboarding, la crueldad informal, la privación del sueño o sixteen to sixty. Más adelante, el soldado Damien Corsetti fue trasladado a Irak. Y allí empezó a replanterarse la legitimación de lo que hacía, la justicia de esa guerra. A través del testimonio de Corsetti, se muestra la chapuza que hizo y sigue haciendo el ejército de Estados Unidos en Irak, la falta total de planificiación y la destrucción por placer. Esto se aprecia muy bien también en la maravillosa serie de David Simon para HBO ‘Generation Kill’, que ahora me estoy tragando. Si después de leer ‘El monstruo’, uno ve ‘Generation Kill’, sin lugar a dudas, uno piensa: esto es lo que de verdad pasaba en Irak en ejército de Estados Unidos. Y sí, tengo pendiente ver ‘Taxi to the dark side’.

El final del libro te cuenta el dramático viaje judicial y burocrático por el que deambuló Corsetti hasta ser juzgado por un tribunal militar.

Sol

Vale, sí, no he escrito en mucho tiempo… Bueno, sí, un post sobre una peli, pero tengo que confesar que era un texto de archivo que esperaba la ocasión oportuna almacenado como borrador. No es que se me hayan acabado los temas, podría haber escrito algunas gilipolleces que se me han ido ocurriendo, pero me ha faltado el tiempo porque hace algo más un mes que estoy inmerso en el proyecto más importante de mi vida. Se llama Sol.

Cuando nací, Chicho Ibáñez Serrador le regaló a mi padre encuadernado con buenas tapas el periódico de aquel día, para que cuando fuera mayor pudiera ver las cosas que ocurrieron el día de mi nacimiento. Curiosamente, en 1977, después de las primeras elecciones democráticas en 40 años, el país en el que hoy vivimos estaba por construir y las noticias de los periódicos eran un hervidero de movimientos políticos encaminados a llevar a buen puerto la transición.

Sol, como he dicho, nació algo más de un mes, y sí, compré el periódico. Pero creo que, más que recordar, lo que sucedió el día que ella nació, lo que sí voy a tener presente es lo que ha sucedido hoy: ETA ha abandonado definitivamente la violencia. Ojalá sea requeterefinitivo, porque no quiero que me mi hija crezca acostumbrada a que los coches bomba, los tiros en la nuca y los secuestros sean noticia de uso común en los informativos de televisión, las radios, los periódicos y los medios digitales, cosa que a lo que yo, por desgracia, sí me acostumbré durante mi infancia en los ochenta.

Es verdad que ella ha nacido en la mayor crisis económica de Europa desde la Segunda Guerra Mundial, que España no había estado nunca tan atrasado en los económico y en los niveles de empleo en lo que llevamos de democracia, que todo lo avanzado en materia social se está viendo recortado en los últimos tres años y, por lo que pinta, los tijeretazos van a ir a más. Pero, al menos, España es hoy un país que no vive aterrorizada por unos matones. Bueno, y, lo olvidaba, somos campeones del mundo.

Bye Bye 2010-2011 Hello 2011-2012

Sí, se acaba el curso y empieza, a partir de serptiembre, uno nuevo. ¿Es el momento de hacer análisis del curso pasado? Quizá no, pero es madrugada y no puedo dormir, así que algo tendré qué hacer. Sobre el futuro no voy a escribir, así que hablaré del pasado. Ha sido, podríamos decirlo, un curso puente. Después de tres años en ‘El Internado‘, el panorama en septiembre pasado se presentaba incierto y, casi sin darme cuenta, ha pasado un año.

Por el camino, un proyecto de serie en serio que quedó truncado tras cuatro meses de trabajo y varios intentos de proyectos que nunca cuajaron. Desde hace unos meses ando metido en algo que va para adelante (dentro de lo para adelante que se puede decir en televisión). Además, rodé un corto de guerrilla titulado ‘Bicicleta’ que está aún en proceso de postproducción.

Pero no  sólo de eso se nutre el trabajo de guionista, también está ese trabajo implícito de documentación e investigación que consiste en ver series y películas. Este año me he puesto al día con ‘Mad Men’, he descubierto ‘Juego de tronos’, ‘Entourage’ y ‘Modern Family’, he disfrutado con ‘Punta Escarlata’ y he visto otras muchas series a medias que están aún por terminar. Tengo ganas de que llegue la nueva temporada para ver las novedades. Este verano, por ejemplo, me he llevado una grata sorpresa al ver ‘Operación Jaque’, que, a pesar de que la audiencia no la ha respaldado a mí me parece una salto de calidad con respecto al resto de miniseries españolas.

En cuanto al futuro sólo puedo decir que tengo por delante el proyecto de mi vida y lo único que puedo adelantaros que se llamará ‘Sol’.

Madrid: conseguir un ejemplar de ‘Curriculum Mortis’

Para los madrileños que deseen hacerse con un ejemplar de la novela tienen tres opciones en estos días:

1. Acercarse el próximo viernes, día 10, a la Feria del Libro de Madrid en el parque del Retiro. El autor estará firmando ejemplares en la caseta nº189, Librería Salamanca, desde las 18.30 hasta las 21horas.

2. Asistir a la presentación de la novela en Madrid el sábado día 11 en la “Casa de Córdoba”, sita en Víctor de la Serna, 30 a las 21.45. A las 22.30 habrá un cóctel para los amigos de los canapés. También habrá firmas, por supuesto.

3. Pasarte por cualquiera de los 10 establecimientos que tiene la “Casa del Libro” en Madrid: calles Alcalá, Fuencarral, Gran Vía, Hermosilla, Maestro Victoria, Orense, Salud; y en los centros comerciales de Xanadú, Islazul y Tres Aguas (Alcorcón). También la tienen en las librerías Antonio Machado, Gaztambide, Salamanca y en la cadena Bertrand.

Y para quienes no anden por los madriles:

*Si no la tienen en depósito en tu librería habitual, encárgala y te la servirán en pocos días. En breve colgaré, tanto en el blog como en la web de la saga, www.sagadanfoster.com, el listado a nivel nacional de las librerías a las que ya han llegado físicamente ejemplares.

* Adquirirla directamente en http://www.adharaeditorial.com/ sin gastos de envío.

Babies

Namibia: Un bebé nace y crece en escasas condiciones de higiene. Nunca lleva pañales. Ni ropa. En cuanto le empieza a crecer el pelo le rapan la cabeza para evitar los piojos. Juega a darse besos con los perros sin que su madre le diga nada, un perro que probablemente sea fuente de numerosas enfermedades. Su madre, desnutrida, trata de darle el pecho, pero, lógicamente, el bebé no tiene los nutrientes necesarios para crecer sano. No hay nada, pero una simple lata vieja puede ser usada como juguete. Lo más mínimo provoca que el bebé sonría y se divierta. Nunca llora porque llorar no le sirve para nada.

Mongolia: El bebé es embutido en una manta nada más nacer para que no se mueva. Está rodeado de ovejas y sus padres le atan al techo, otra vez para que no se mueva. No tienen cuna, ni parque, ni nada terminado en ito. Por supuesto, nada de pañales, van con el culo al aire para hacer todas las necesidades donde le pille. No tienen pañales, bien porque cuestan dinero, bien porque allí no existen. Su hermano es un maltratador en potencia que le utiliza como saco de boxeo. Pero este bebé ríe. Todo le parece bien.

Japón: Las condiciones del parto han mejorado. El bebé nace en un hospital y, a diferencia de los otros dos, disfruta de biberones llenos de leche. A los pocos meses irá a la guardería. Se acostumbra a vivir en la opulencia y aprende un refrán tan manido como el de ‘El que no llora no mama’. Y lo utiliza para todo, para conseguir cualquier cosa. Sólo se ríe cuando le interesa.

Estados Unidos: las condiciones culturales del bebé son diferentes a las del niño japonés, pero siempre dentro de un sistema avanzado. Juguetes por doquier, todo tipo de complementos de la industria del bebé. Libros con dibujos. Colorines. Películas en dvd. Piscina. Parques infantiles. Y llantos. Porque al igual que el japonés, al bebé le dan la mano y él coge el brazo. Lloran mucho. Sólo ríen cuando les interesa.

De estos cuatro bebés y las diferentes condiciones en las que se crían va ‘Babies’, un documental estrenado este año 2011 en España, pero producido en 2010. El proyecto fue dirigido por Thomas Balmes, un documentalista que lleva cuatro producciones hechas para el cine “A Decent Factory” (2004), “Le dernier des Papous” (2001), “The Gospel According to the Papuans” (2000) y “Waiting for Jesus” (2000), más un documental realizado para televisión titulado How Much Is Your Life Worth? (2007). Sigue el primer año de vida de los cuatro bebés en estos cuatro puntos tan dispares del planeta. Y, si vas a ser padre, el documental se hace aún más interesante.

España: un futuro padre perdido en el universo de la paternidad. Necesita hacer un master para entender los diferentes tipos de cochecito que hay. Se pregunta por qué es necesario tener uno de 1.200 euros, que está de moda, y tiene amortiguadores y ruedas todoterreno. Piensa que por ese precio debería tener también navegador GPS, frenos ABS, radiocd con dolby surround y techo solar. Lee revista sin parar para aprender toda la terminología de la paternidad: palabras aparentemente extrañas como ‘moisés’ o  ‘maxicosis’. Y sí, se siente perdido, pero piensa que al final los bebés, de una u otra forma, terminan gateando, hablando, caminando, saltando y riendo.