Archivo de la categoría: Política

The Newsroom Studio 60

Todo lo hago al revés. O en desorden, que es la base de mi vida. Por eso primero vi parte de ‘El ala oeste de la Casablanca’, luego vi ‘The Newsroom’ casi al mismo tiempo que era emitida en Estados Unidos y ahora me he tragado ‘Studio 60’. A destiempo, lo sé. Y por eso me he enterado tarde de que con ‘The Newsroom’, Sorkin quiere dar continuidad a lo que inició con ‘Studio 60’, puesto que son series prácticamente idénticas. Por eso ahora entiendo a muchos fans indignados de Sorkin. O quizá también por eso no los entiendo. Las similitudes entre una serie y otras son muchas y creo que en el siguiente listado recojo las más importantes.

– Los periodistas-guionistas se comprometen con la calidad de su trabajo (información/guión) a pesar de la dictadura de las audiencias.

– El capo de todo mantuvo en el pasado una relación con su productora ejecutiva/actriz y hablan en público de lo turbulento de su relación.

– El exhibicionismo sentimental: los protagonistas debaten sus problemas de pareja a voces y en frente de todos los trabajadores de la redacción/plató.

– Personajes a los que el periodismo sensacionalista saca trapos sucios del pasado para desacreditar su imagen pública. Muchas veces lo hace la propia empresa para la que trabaja el personaje.

– Tanto Will como Matt son los suficientemente prepotentes como para pensar que sólo ellos son capaces de hacer televisión de calidad.

– Un/a periodista tiene libre acceso a todas las reuniones de los trabajadores de ambos programas para escribir un reportaje acerca del funcionamiento interno del mismo.

– El compromiso con el espectador por encima de los intereses económicos de la propia empresa.

– La extremada verborrea y erudición de sus protagonistas.

– Sus tramas giran alrededor de un programa de televisión en directo para aprovechar los conflictos que pueden los imprevistos cuando se está en el aire.

Quizá sienta más devoción por ‘The Newsroom’ por el interés que suscita en mí la actualidad americana e internacional. O porque no comparto/entiendo el programa del que trata ‘Studio 60’. Quizá no me guste de ‘The Newsroom’ cierta ñoñería que algunos dicen que tiene. Lo que sé es que, pese a sus defectos y a la repetición, no puedo dejar de ver ninguna de las dos.

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Sol

Vale, sí, no he escrito en mucho tiempo… Bueno, sí, un post sobre una peli, pero tengo que confesar que era un texto de archivo que esperaba la ocasión oportuna almacenado como borrador. No es que se me hayan acabado los temas, podría haber escrito algunas gilipolleces que se me han ido ocurriendo, pero me ha faltado el tiempo porque hace algo más un mes que estoy inmerso en el proyecto más importante de mi vida. Se llama Sol.

Cuando nací, Chicho Ibáñez Serrador le regaló a mi padre encuadernado con buenas tapas el periódico de aquel día, para que cuando fuera mayor pudiera ver las cosas que ocurrieron el día de mi nacimiento. Curiosamente, en 1977, después de las primeras elecciones democráticas en 40 años, el país en el que hoy vivimos estaba por construir y las noticias de los periódicos eran un hervidero de movimientos políticos encaminados a llevar a buen puerto la transición.

Sol, como he dicho, nació algo más de un mes, y sí, compré el periódico. Pero creo que, más que recordar, lo que sucedió el día que ella nació, lo que sí voy a tener presente es lo que ha sucedido hoy: ETA ha abandonado definitivamente la violencia. Ojalá sea requeterefinitivo, porque no quiero que me mi hija crezca acostumbrada a que los coches bomba, los tiros en la nuca y los secuestros sean noticia de uso común en los informativos de televisión, las radios, los periódicos y los medios digitales, cosa que a lo que yo, por desgracia, sí me acostumbré durante mi infancia en los ochenta.

Es verdad que ella ha nacido en la mayor crisis económica de Europa desde la Segunda Guerra Mundial, que España no había estado nunca tan atrasado en los económico y en los niveles de empleo en lo que llevamos de democracia, que todo lo avanzado en materia social se está viendo recortado en los últimos tres años y, por lo que pinta, los tijeretazos van a ir a más. Pero, al menos, España es hoy un país que no vive aterrorizada por unos matones. Bueno, y, lo olvidaba, somos campeones del mundo.

La película de #15M

¿Estamos viviendo momentos históricos con las palabras #acampadasol #yeswecamp #nonosvamos? ¿Vamos a conseguir algo? ¿Se regenerará la clase política? ¿Habrá cambio del sistema electoral? No lo sé. Ojalá. La Junta Electoral de Madrid, ha ocurrido en otras ciudades también, ha prohibido la concentración de esta tarde a las 20.00 h en la Puerta del Sol. Pedazo de giro, ¿no? Si lo que quieren es que la manifestación no influya en el voto no podía ser más contraproducente para los intereses de los políticos. Pero lo que está claro es que esto está tomando tintes dramáticos. Momentos históricos, pedazo de giro, tintes dramáticos… ¿No podrían ser esos elementos de una tv movie o una película? Cada vez con más celeridad, los acontecimientos históricos son recogidos por la televisión o el cine, a veces cuando el propio acontecimiento está aún en movimiento. Dicho esto, ya están tardando algunas productoras de cine o televisión en dar el paso al frente y llevarse el encargo. Pero, claro, una cosa es lo que pasa, otra lo que se cuenta en los medios que pasa y otra, muy distinta, lo que se cuenta en la ficción que pasó. Y eso depende mucho de quien sea el encargado de escribir, rodar y producir la película. Y me he puesto a pensar en quién podría llevar esta historia a la pantalla. Planteemos hipótesis.

Si fuera Pedro Almodóvar, los manifestantes serían putas, yonkis y transexuales que aprovecharían el jolgorio para hacer un reality en plan el de Alaska y Mario. Las pasiones, desatadísimas. Beberían gazpacho con tranquilizantes en lugar de latas de cervezas de los chinos a 1,50 y todos estarían viendo en su Ipad ‘Mujeres al borde de un ataque de nervios’ alabando a la película y al director de la misma, a la sazón, el propio Almodóvar. Los cánticos empezarían todos con ‘Gran ganga, gran ganga, yo soy de Teherán’, haciendo así la relación con las revueltas árabes. Y al final, una manifestante daría a luz en un autobús y el padre le prometería que iba a nacer en un mundo más justo.

Si fuera una producción de Globomedia, los manifestantes se dirían todo el rato los unos a los otros frases del tipo “Yo te quiero, tío, porque tú eres como mi hermano”. Al final, después de tanta cerveza sin alcohol, llegarían los cantos regionales y, sobre todo, la exaltación de la amistad. Sí, aún más. La Junta Electoral pensaría que son buena gente y se bajarían todos a la plaza a unirse a la fiesta. Algunos padres se habrían llevado a sus hijos diciéndoles que en realidad es una fiesta de cumpleaños de la Constitución. Cuando cargaran los antidisturbios le dirían a los niños que todo es un juego y que gana el que más se esconda. Por supuesto, los niños serían huérfanos, por lo menos de madre, y estaría todo aderezado con una voz en off en la que una niña cuenta lo que aprendió ese día, es decir, aprendió que las fiestas de cumpleaños se celebran en la puerta del sol y con cerveza sin alcohol. Al final, todos, los manifestantes, los padres, los niños huérfanos, los antidisturbios y los de la junta electoral formarían una gran familia y se reunirían en un bar a comer bocadillos de jamón con un montón de product placement.

Si fuera una película de Julio Medem, los manifestantes serían todos clowns, perroflautas, saltimbanquis y malabaristas. Estarían bebiendo birra, tocando batucada, fumando porros y creando obras de arte vivientes por todos lados. Bebe sería la líder y gritaría aquello de “no les votes”, añadiendo la coletillas de “ellos son todos unos cabrones y nosotras, todas putas”. Todos pensaría que en realidad lo que pasa en la Puerta del Sol es sólo una excusa para estar de fiesta y lo que en realidad les gustaría sería irse a una isla hippy a vivir en una cueva y pintar en las paredes. Todos se pondrían a follar entre todos, haciendo todo tipo de combinaciones y posturas, como si fuera lo más normal del mundo. El amor es libre. Como colofón, Bebe, en un arranque de genialidad creativa, decidiría cagarle en la cara al presidente de la Junta Electoral de Madrid como símbolo del movimiento antisistema.

Podría extenderme con más cineastas y productoras españolas, pero sería un no parar. He de decir que me da miedo que la película de Medem no esté tan alejada de la realidad, pero aún así, no podemos soportar lo que para mí es un ejercicio de represión: la prohibición de la libertad de expresión. Dicho esto, me voy a Sol.

Lo llevamos dentro

Discusiones de barra de bar. Gritos. Descalificaciones. Autobombo. Volumen alto. ¿Os suena de algo? Pues no es nuevo. En el año 1961, la escritora británica Nina Epton hizo una reflexión sobre los españoles:

“El español medio es demasiado orgulloso, demasiado egocéntrico y demasiado intolerante como para poder fundir su personalidad con la de otro ser humano. Un sentido exagerado del honor es un rasgo narcisista de los españoles, que son indivudualistas y amantes del monólogo. No comprenden o admiten el diálogo, y esto complica extraordinariamente la convivencia”.

Esta reflexión la podemos aplicar a muchos ámbitos de la vida, desde el debate de la ley-sinde a una reunión de guionistas discrepando sobre una trama o debatiendo sobre una serie, pero dónde más claramente se manifiesta es en nuestra televisión basura, en esas eternas y gritonas tertulias sobre el corazón, la política o el fútbol con que nuestros canales nos deleitan todas las tardes y todas las noches.

‘Sálvame’, el perejil de todas las salsas

Hace ya dos semanas que no escribo, lo que significa que podría hacerlo sobre muchos temas: sobre los controladores aéreos, sobre la detención de Julian Assange y los cables de Wikileaks, incluso sobre el Madrid-Barça. Pero de eso ya han escrito mejor gente más cualificada como Javier Pérez de Albéniz en su blog El Descodificador, Ramón Lobo en su blog Aguas Internacionales, Delia Rodríguez en su blog Trending Topics o Miguel A. Herguedas y Ángel González en su blog The Special Two. Yo me voy a dedicar a la basura. Basura en términos estrictos. Es decir, los programas ‘Sálvame’ y sucedáneos. Que los hay y son muchos y en todos los ámbitos.

Hace un tiempo recibí este video a través de un email de mi buen amigo Miguel A. Herguedas. Había sido publicado en el blog La Libreta de Van Gaal (también recomendable para aquellos a los que gusta el deporte, pero no el periodismo deportivo). En él, aparecía un video, que aquí reproduzco, en el que reaparecía el que daban por muerto, José María García. Y lo hacía para atizarle a Inda, director de Marca, en toda la cara. Dio su opinión sobre dos programas late night cuya audiencia sube peligrosamente para el entontecimiento colectivo, cualidad que comparten claramente con ‘Sálvame’. Se trata de ‘Punto Pelota’, de Intereconomía TV, y ‘Futboleros’, de Marca TV. El pasado lunes 29 de noviembre, día del Madrid-Barça, el programa que conduce Josep Pedrerol obtuvo una audiencia media de 578.000 espectadores, cantidad que ya quisieran para sí algunos canales tradicionales a partir de la medianoche. Lo dicho: peligro.

¿En qué consisten los programas tipo ‘Sálvame’? Un grupo de supuestos periodistas opinan de manera vehemente y sin ningún tipo de educación sobre temas acerca de los que supuestamente saben mucho. Para hacerlo, no dudan en emitir alaridos y ponerse en contra de la opinión del que tienen delante aunque sólo sea por el mismo placer de llevar la contraria. El moderador, a diferencia de los que se presupone que es un moderador, también opina y, sólo en contadas ocasiones, da un alarido para demostrar que tiene la autoridad que nadie le reconoce.

Pero no sólo estamos hablando de pseudodebates deportivos o tertulias del corazón donde hablan con la boca llena de comida. Hablamos también de esos infames charloteos de las cadenas de TDT y no tan de TDT que tanto critican al ‘Sálvame’ y al que tanto se parecen. Me refiero a ‘El Gato al Agua’, de Intereconomía TV, ‘La Vuelta al Mundo’, de Veo7, ‘Es la noche de César’ de Libertad Digital TV, ‘Alto y Claro’, de Telemadrid, ’59 segundos’ de TVE o incluso los invitados a ‘La noche en 24 horas’. Todos son Sálvames más o menos encubiertos.

Y digo más. El otro día tomaba una caña en un bar de al lado de mi casa con un viejo amigo. Los dos comenzamos en el periodismo deportivo, pero yo terminé siendo guionista y él dedicándose al periodismo político. Nunca sabemos qué rumbos toman los caminos del señor. Hablábamos de política y él continuamente me echa en cara que lo único que hago en mi twitter es criticar a los políticos desde el sofá de mi casa mientras que él defiende a muerte al partido que representa. Quizá tenga razón, pero yo creo que los políticos son los que se tienen que remangar. No yo. Y esto me lleva directamente a mi siguiente reflexión. En mi opinión, el Congreso, los diputados y los políticos en general no dejan de ser más que un Sálvame gigante y elegante, donde discuten y discuten insultándose encubiertamente sin llegar a ninguna conclusión y, por supuesto, contribuyendo al entontecimiento de la población.

Necesitamos más Wikileaks, menos políticos orgullosos de ser políticos y menos periodistas casposos encantados de poner el grito en el cielo. Y menos mal que las series españolas eran tan malas, le dijo el periodista deportivo al guionista mediocre.