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Deporadictos

Me he involucrado en un nuevo proyecto: DEPORADICTOS. Es un blog colectivo en el que queremos tratar el deporte desde un punto de vista diferente a cómo lo tratan los medios deportivos tradicionales. A continuación os dejo cuál es nuestra filosofía para habernos embarcado en esta aventura.

No se sabe el momento exacto surgió el germen para el nacimiento de deporadictos.com. Lo que sí sabe es que fue una conversación de whatsapp. Qué importa si fue durante la retransmisión de un partido de la Eurocopa, durante las dos semanas que duraron los

Juegos Olímpicos de Londres o en el medio de una etapa de montaña del Tour de Francia o de la Vuelta a España. Somos yonquis del deporte. De cualquiera. Y estamos orgullosos de ello. También somos periodistas y amantes de la cultura, ya sea en versión cinematográfica, literaria, musical y, si hace relación a algún evento deportivo, mejor que mejor. Y sí, nuestros debates a través del whatsapp, como los vuestros, casi siempre animados por enconadas discusiones, suponen el pan nuestro de cada día. Un pan bien sabroso, por cierto, como horneado en casa. Sabemos que no estamos solos y por eso queremos que te unas a nosotros. Serás uno de los nuestros, un verdadero deporadicto, si cumples con un 75% de las siguientes condiciones.

– Para ti, seguir un acontecimiento deportivo, ya sea en directo, por televisión o a través de un en vivo online, está en muchas ocasiones por delante de tener sexo con tu pareja ya sea habitual o esporádica.

– A tu alrededor, los no adictos te tratan como a un enfermo, te repiten constantemente que si no te vale sólo con el fútbol, como la gente normal, te insisten constantemente en que vayas al psicólogo para que te cure y, sobre todo, no pueden soportar el constante bing de tu teléfono móvil cuando recibes un whatsapp.

– Planificas tus vacaciones en función de los eventos deportivos, para no perderte ni una sola cosa importante por culpa de ese engorro que es el trabajo o los estudios.

– Cuando se estrena una película relacionada con un deportista o un deporte que te gustá, allá que vas al cine se ponga o no se ponga la subida del IVA por delante.

– Tienes una lista en tu twitter que se llama ‘deportistas’ y en ella no sólo hay futbolistas, también hay cicilistas, tenistas, baloncestistas, nadadores, atletas, montañeros o incluso jugadores de fútbol americano o beisbol.

Recuerdas las fechas de los momentos importantes de tu vida personal como, por ejemplo, el día que besaste a tu pareja, no por el hecho en sí, sino porque ese día se jugaba el Madrid-Barça de la Champions, o Usain Bolt batió el récord del mundo o Maravilla Martínez se convirtió en campeón del mundo de Boxeo.

– Y, fundamentalmente, estás aburrido del debate de bar, de las webs de periodismo deportivo habituales en las que se grita más que se escribe, de la información de entre semana acerca de declaraciones triviales. Quieres leer cosas interesantes que te hagan crecer como aficionado al deporte por la calidad del contenido.
Si te sientes identificado con nosotros, deja que  deporadictos.com sea tu web deportiva de referencia. Interaremos estar a la altura de las yonkicircunstancias. Y, sobre todo, que te sientas orgulloso de ser “uno de los nuestros”, como en la película de Martin Scorsese.

The Newsroom Studio 60

Todo lo hago al revés. O en desorden, que es la base de mi vida. Por eso primero vi parte de ‘El ala oeste de la Casablanca’, luego vi ‘The Newsroom’ casi al mismo tiempo que era emitida en Estados Unidos y ahora me he tragado ‘Studio 60’. A destiempo, lo sé. Y por eso me he enterado tarde de que con ‘The Newsroom’, Sorkin quiere dar continuidad a lo que inició con ‘Studio 60’, puesto que son series prácticamente idénticas. Por eso ahora entiendo a muchos fans indignados de Sorkin. O quizá también por eso no los entiendo. Las similitudes entre una serie y otras son muchas y creo que en el siguiente listado recojo las más importantes.

– Los periodistas-guionistas se comprometen con la calidad de su trabajo (información/guión) a pesar de la dictadura de las audiencias.

– El capo de todo mantuvo en el pasado una relación con su productora ejecutiva/actriz y hablan en público de lo turbulento de su relación.

– El exhibicionismo sentimental: los protagonistas debaten sus problemas de pareja a voces y en frente de todos los trabajadores de la redacción/plató.

– Personajes a los que el periodismo sensacionalista saca trapos sucios del pasado para desacreditar su imagen pública. Muchas veces lo hace la propia empresa para la que trabaja el personaje.

– Tanto Will como Matt son los suficientemente prepotentes como para pensar que sólo ellos son capaces de hacer televisión de calidad.

– Un/a periodista tiene libre acceso a todas las reuniones de los trabajadores de ambos programas para escribir un reportaje acerca del funcionamiento interno del mismo.

– El compromiso con el espectador por encima de los intereses económicos de la propia empresa.

– La extremada verborrea y erudición de sus protagonistas.

– Sus tramas giran alrededor de un programa de televisión en directo para aprovechar los conflictos que pueden los imprevistos cuando se está en el aire.

Quizá sienta más devoción por ‘The Newsroom’ por el interés que suscita en mí la actualidad americana e internacional. O porque no comparto/entiendo el programa del que trata ‘Studio 60’. Quizá no me guste de ‘The Newsroom’ cierta ñoñería que algunos dicen que tiene. Lo que sé es que, pese a sus defectos y a la repetición, no puedo dejar de ver ninguna de las dos.

Otro periodismo deportivo es posible

La prensa deportiva española, a la que sin sonrojarnos podemos llamar prensa futbolera española, vive del rumor, de la declaración polémica, de la inmediatez y, por qué no decirlo, del comentario de bar, casi siempre machista, barriobajero, mal escrito y, sobre todo sin profundidad. En este grupo, por supuesto, estarían a la cabeza los diarios deportivos, pero, en menos medida, también podríamos incluir las secciones deportivas de los diarios generalistas. Dos grupos de aficionados al fútbol, periodistas y, sobre todo, amigos han decidido en el último año que se puede abordar el periodismo futbolero desde otro punto de vista más reposado, analítico, profundo… bien escrito. En definitiva, abordar el fútbol desde un nivel más elevado, para aquellos que huyan de los tertulianos gritones, los titulares facilones y los ataques al diccionario. Esos valientes han creados proyectos, Panenka y Líbero, que parecen haber tenido buena acogida por cierto tipo de público.

Proyecto Panenka

Proyecto Panenka

Panenka, un proyecto iniciado por Aitor Lagunas y entre cuyas firmas llama la atención la de Axel Torres, experto en futbol internacional en Radio Marca y comentarista de Gol T. Han basado, desde mi punto de vista acertadamente, su fuerza en reportajes poco trillados, bien escritos, documentados con numerosas fuentes y con un componente estrictamente periodístico. Además, tienen muchas vocación internacional, especialmente anglosajona.

Revista Líbero

Revista Líbero

Por otro lado, Líbero, que se vende como una revista de fútbol y literatura, busca captar a los futboleros más culturetas, pues defienden que la cultura y el fútbol, contrariamente a lo que intelectuales no futboleros piensan, no tienen por qué estar reñidos. Ellos han apostado más por la opinión y las firmas. La dirigen Diego Barcala y Óscar Abou-Kassem, ex de Público y entre sus colaboradores en el número 1, el único publicado hasta el momento, cuentan con Antoni Daimiel, Manuel Jabois, Joaquín Estefanía, Quim Gutiérrez, Enric González o Julio Maldonado ‘Maldini’. Basan sus textos más en la paja mental y en la opinión, que en lo periodístico. Como podía ser de otra manera al hablar de fútbol y literatura, la portada es Jorge Valdano, que en las páginas interiores lleva a cabo un encuentro con el poeta Benjamín Prado.

Desde mi punto de vista, prefiero más el modelo Panenka que el modelo Líbero, aunque ambas apuestas me parecen atractivas. Ojalá surjan más opciones de este tipo para poder comparar.

Lectura de verano: ‘Plomo en los bolsillos’

La magia del ciclismo nace siempre de ese misterio que existe más allá de la frontera del sufrimiento. No gana el Tour de Francia el más atlético, ni el que más entrena. Sí, ayudan, pero lo más importante es el factor moral. El que llegue con el maillot amarillo a los Campos Elíseos de París ha de ser el que mejor sabe sufrir, el que tiene el umbral de la agonía más alto, el que está mejor preparado psicológicamente para resistir. Ése es el principal mensaje que se extrae de la lectura de ‘Plomo en los bolsillos’, el libro reeditado por Libros del KO y escrito por Ander Izaguirre, que narra la historia de la gran carrera francesa, la de los grandes duelos de los nombres míticos y la de los pequeños, los que pasaron a la historia por otros motivos ajenos a la victoria, pero no por ello menos héroes. Porque hace falta ser un héroe para subir esas montañas, ya sea llegando a sus cimas en primera posición o atravesando la línea en último lugar.
El libro es muy propicio para una lectura veraniega, en julio para ser más concretos, mientras se disputa la gran vuelta por etapas francesa, para poder comparar el antes y el ahora. O, diría más, visto lo acontecido en el último tour, es un libro perfecto para visualizar ciclismo de verdad, en vez de escuchar a Pedro Delgado y Carlos de Andrés comentar lo que supuestamente es el Tour de Francia. Sí, es un canto de odio eterno al ciclismo moderno. Porque las etapas no son cómo las de antes. Y si no, lean, lean…

La portada de ‘Plomo en los bolsillos’ en Libros del KO.

Su estilo literario, muy lejos de la forma poco elevada del periodismo deportivo moderno, pero de lectura ágil, hace que te lo leas en un santiamén, casi como si fuera una tragedia épica. Tiene todos los ingredientes de una gran historia: protagonistas, antagonistas, amistad, odio, épica… Un libro que no sólo gustará a los amantes del ciclismo, sino a los que agradan las buenas historias. E incluso cuenta anécdotas más allá del deporte en sí, como el secreto que mantuvo Bartali durante 50 años.

Hace dos días, por otro lado, comenzó la Vuelta, una carrera que este año es más Tour que el propio Tour, con diez llegadas en alto. Los aficionados al ciclismo nos permitimos soñar el regreso del ciclismo de otros tiempos. Aunque éstos no son los de antes.

‘The Newsroom’ y la moralina

Hay gente que sólo habla de lo que no le gusta y gente que generalmente se manifiesta cuando algo le gusta. Esto es así. Aparentemente lo más inteligente es ser de los primeros. Hablar con superioridad moral sobre lo mal que está hecha una serie, una película o una novela está bien visto. Decir que algo es bueno es un síntoma de debilidad. Bien, yo soy débil, soy de los segundos ya que predominantemente suelo escribir sobre lo que me gusta. Y ‘The Newsroom‘, la serie de Aaron Sorkin que se estrenó hace unas semana en la HBO no me gusta, sino que me encanta.

Partamos de la base de que trata un tema que especialmente me interesa: el periodismo. Un tema arriesgado, porque todo el mundo tiene una opinión sobre este gremio, generalmente mala. ‘The Newsroom’ ha sido un éxito de audiencia y al emitirse el segundo capítulo ya firmó por una segunda temporada, pero parece que no ha enamorado igualmente a los críticos estadounidenses.

Los principales defectos que le encuentran son la grandilocuencia y la verborrea de los diálogos de Sorkin (yo los admiro), el hecho de utilizar noticias reales y tratarlas en las tramas con la ventaja de tener todos los datos de lo que sucedió en la realidad, algo que no deberían tener los personajes en vivo y, sobre todo, el discurso moralizante sobre cómo debería ser el buen periodismo. Y es esto último, desde mi punto de vista, lo que más ha enervado a los críticos. No soportan que ellos, que son periodistas de verdad, tengan que ser sermoneados por un tipo con gafas y tics nerviosos que se cree más listo que nadie.

‘The Newsroom’ no tiene diálogos realistas: nadie tiene réplicas tan geniales ni ocurrencias tan ingeniosas tan rápido y en tanta cantidad. Pero qué importa, te enamoras igualmente de los personajes. A mí me encanta saber que sí hay alguien tan genial detrás de ellos. ‘The Newsroom’ no está, por tanto, extremadamente sujeta a la realidad, quizá porque es difícil encontrar periodistas tan independientes. Pero es como la realidad debería de ser. ‘The Newsroom’ no sólo es una serie buena, sino que es una serie necesaria. Necesitamos buenos periodistas, no ésos que están influenciados por las audiencias, los poderes políticos o los intereses económicos de las grandes empresas. Y sí, en la realidad, aunque son minoría, existen, como las personas de réplicas rápidas y geniales, los políticos honestos y Aaron Sorkin. Lo que pasa es que difícil verlos entre tanta basura.

Inside Job + Margin Call

A finales de 2007 y principios de 2008 hice un parón en mi carrera de guionista para participar como periodista en la puesta a punto y el arranque de Soitu.es. Allí conocí a la periodista Ana Cañil (@anarcanil), que ya tenía tras sí una dilatada carrera en prensa en el campo de la Economía. Por entonces, mi interés en la sección de Economía de un periódico era bastante limitado. Ana Cañil comenzó a decirnos a varios redactores que, si no nos gustaba la Economía, nos tendríamos que preparar porque en poco tiempo íbamos a tener que ponernos al día en terminos económicos a marchas forzadas obligados por las circunstancias.No le faltaba razón. Pocos meses después se desataba en el mundo la mayor crisis económica desde 1929, una situación que está afectando muy especialmente a España. Y, aunque todavía me falta mucho, me he puesto las pilas.

En este tiempo los profanos nos hemos visto sin quererlo familiarizados con términos económicos que pueblan los titulares de los medios como “prima de riesgo”, “techo de déficit”, “agencias de calificación”, “venta de deuda”, “hipotecas basura”, etc… Todo esto nos sonaba a chino hace poco.

En los últimos dos años se han estrenado dos películas fundamentales para entender la verdad de lo que está pasando, largometrajes que he podido visionar en los últimos días. Una de ellas es el documental ‘Inside Job’, en el que el debutante Charles Ferguson disecciona los motivos que llevaron al crack y desnuda casi hasta la autoinculpación a los culpables, los grandes hombres de los poderes fácticos financieros. La segunda es una película de ficción, ‘Margin Call’, dirigida por otro debutante: JC Chandor. Narra el momento en que una hipotética empresa de inversiones bursátiles descubre o asume que lo que ha vendido durante años es humo y decide dejar el barco antes de que se hunda. Cada uno que la vea, que interprete en qué empresa se basó Chandor.

Llama la atención que las dos mejores películas sobre la crisis económica hayan sido ideadas, escritas y dirigidas por dos cineastas debutantes. ¿Es que los consagrados no están interesados en el tema? ¿O es que no les interesa interesarse?

Ambas películas dejan de manifiesto varios conceptos, como, por ejemplo, la hipocresía y el cinismo de los grandes actores financieros de la crisis. Muchos no quisieron reconocer lo que estaba a punto de pasar y cuando no tuvieron más remedio que reconocerlo, decidieron escurrir el bulto y salvarse de la quema. Es decir, siguieron llenándose los bolsillos sin ningún escrúpulo a costa de la ruina de la mayoría. Otra idea que trasmiten es que nadie se hace asquerosamente rico trabajando honradamente y que, para conseguirlo, hace falta ser un verdadero hijo de puta. Dentro de los que trabajan en eso, los hay con más o menos escrúpulos o cargos de conciencia, pero, al final, todos se venden al poder del dinero, aún sabiendo que lo que hacen es moralmente reprobable. Dejan claros que existen dos tipos de personas: la gente real y ellos.

El becario de la empresa de ‘Margin Call’ gana 250.000 dólares al año. El jefe supremo, hizo el último año 86 millones de dólares. Uno de los jefes se gasta en un año 76.500 dólares en putas. Y el becario está especialmente obsesionado con cuánto gana cada uno de los jefes, dejando bastante claro cuál es su objetivo en la vida.

Dijeron que iba a refundar el capitalismo, que el sistema estaba obsoleto y tres años y medio después, seguimos con los mismos fundamentos, con una economía cada vez más desregulada y liberal, que acrecienta las diferencias entre los pocos que tienen mucho y los muchos que se han quedado con poco. Ambas películas dejan claro que los que nos metieron ni han dejado ni van a dejar de seguir haciéndose cada vez más asquerosamente ricos.

Recomiendo para estar al tanto de la actualidad política y económica de España el blog que coescriben Ana Cañil y Pilar Portero (@pilarportero): Tudosis.es

El espectáculo de la tortura

Cuando era pequeño, mis amigos y yo no perdonábamos la excursión anual al Museo de Cera de Madrid. Nos lo pasábamos como enanos que éramos. Pero la estatua de cera estrella no era ni la de Emilio Butragueño ni la de Arnold Schwarzenegger. La principal atracción era la sala de toturas de La Inquisición. Había algo de fascinación ante la barbarie y de impresión ante la espeluznante manera de maltratar a los humanos. Era algo que se veía lejos, muy lejos en el tiempo, pero con horror descubrimos que está tan cerca como el propio siglo que vivimos. Hoy la maquiavélica cabeza del ser humano sigue imaginando maneras de torturar a las personas, con el objetivo de sacarles información o, las más de las veces, por el puro placer de hacerlo.

Damien Corsetti fue un soldado estadounidense que se convirtió en el ejemplo para el mundo de torturador en las guerras de Afganistán y de Irak. Sin haber recibido formación para ello, se convirtió en interrogador profesional en la cárcel de Bagram (Afganistán) y Abu Grhaib (Irak). El ejército de Estados Unidos quiso personalizar en él las culpas de algunas ovejas descarriadas de su rebaño, sin reconocer que era el propio sistema militar norteanericano el que provocaba que se produjeran tales aberraciones. Corsetti fue apodado ‘El monstruo’ por algunos compañeros soldados, pero no por su cruel manera de interrogar, sino porque ya llevaba esa palabra (Monster) tatuada en su cuerpo.

El corresponsal del diario ‘El Mundo’ en Washington, Pablo Pardo, conoció a Damien Corsetti, intimó con él, llegó a considerarse amigo de él y lo entrevistó para escribir ‘El monstruo’, un reportaje periodístico publicado por la recién nacida editorial Libros del KO. Los editores son amigos míos, y han sido tan valientes como para lanzarse al vacío creando una editorial en un momento como éste. El corresponsal de ‘El Mundo’ en Washington no es mi amigo, pero eso no quita para que no hable de su obra en este post. Un libro escrito de manera atropellada en su primera parte, y mucho más clarividente en la segunda, sobre un tema que parece sacado de una película, pero que, oh sorpresa, es la cruda realidad.

El libro relata, en una primera parte, la estancia de Damien Corsetti en la cárcel de Bagram, dónde, hasta arriba de jachís, asistía al sinsentido de la guerra y ejecutaba los interrogatorios sin preguntarse si lo que hacía estaba bien o mal. Irónicamente, la guerra sirvió para que se culturizara sobre los países en los que estuvo. Uno aprende qué es el waterboarding, la crueldad informal, la privación del sueño o sixteen to sixty. Más adelante, el soldado Damien Corsetti fue trasladado a Irak. Y allí empezó a replanterarse la legitimación de lo que hacía, la justicia de esa guerra. A través del testimonio de Corsetti, se muestra la chapuza que hizo y sigue haciendo el ejército de Estados Unidos en Irak, la falta total de planificiación y la destrucción por placer. Esto se aprecia muy bien también en la maravillosa serie de David Simon para HBO ‘Generation Kill’, que ahora me estoy tragando. Si después de leer ‘El monstruo’, uno ve ‘Generation Kill’, sin lugar a dudas, uno piensa: esto es lo que de verdad pasaba en Irak en ejército de Estados Unidos. Y sí, tengo pendiente ver ‘Taxi to the dark side’.

El final del libro te cuenta el dramático viaje judicial y burocrático por el que deambuló Corsetti hasta ser juzgado por un tribunal militar.