Almodóvar, blanco o negro.

Con el director manchego no existen los grises. Normalmente, o lo odias o lo amas. Generalmente lo aman más fuera de España y lo odian más en nuestro país. Aunque esto se extrapola también a sus películas que se suelen dividir entre las que son obras maestras y las que son auténtica bazofia. Lo que está claro es que sus cintas nunca dejan indiferente. Para algunos, este maremagnum de sentimientos tiene que ver más con lo que representa Almodóvar cómo persona (su actitud, su pose, sus declaraciones, su ideología política, incluso su homosexualidad) más que lo que es su obra en sí. Necesariamente es algo que debía ser diferenciado por razones obvias.

Fui a ver ‘La piel que habito’ el pasado fin de semana, el mismo que la estrenaban. Mis motivaciones para ir a ver la película eran varias: Elena Anaya, Blanca Suárez, el reencuentro en una película de Almodóvar y Antonio Banderas, el espantoso trailer y, fundamentalmente, el estar fuera de las conversaciones sobre la película durante la semana siguiente. Dejando de lado la fulminante crítica de Carlos Boyero en El País, el director está contento con las reacciones que ha suscitado la película tanto en los críticos como en lo que han manifestado los espectadores a través de blogs y redes sociales. Él muestra su satisfacción en el encuentro digital que mantuvo en rtve.es y en su entrevista con Iñaki Gabilondo.

Mi postura es más bien intermedia entre uno y otro. Pienso que la historia que Almodóvar cuenta es tan rara que me gusta, aunque, ciertamente, le veo agujeros. En mi entorno hay opiniones muy dispares, casi todas volcadas hacia ambos extremos. Posturas que podrían definirse de la siguiente manera.

Los que la odian dicen de ella que tiene diálogos bochornosos, que los personajes no son creíbles, que la historia del origen brasileño de los personajes interpretados por Roberto Álamo y Marisa Paredes no tiene ningún sentido, que las violaciones dan asco. También se dice que el segundo acto en realidad debía ser un primer acto porque no tiene ningún motivo para romper la estructura temporal de la trama. O que el giro que da el personaje de Antonio Banderas con respecto al de Elena Anaya no está justificado. Y, básicamente, dicen que Almodóvar ha perdido la cabeza y se dedica, sobre todo, al onanismo casero. Muchos, también, hacen suya la opinión de Boyero y afirman que la película, más que ser inquietante, provoca el bochorno.

Los que la aman destacan el preciosismo estético de la cinta, el universo especial creado por el director manchego, en el que entras y te crees hasta el más mínimo detalle, la construcción de unos personajes que te enganchan, las interpretaciones prodigiosas de Antonio Banderas y Elena Anaya, además del pequeño, pero bien defendido papel de Blanca Suárez. Incluso defienden la aparición en la película de Agustín Almodóvar, momento que, lejos de estar fuera de tono, sirve para destensar la sublime intensidad del film.

Lo que yo digo es que para gustos, colores, y que los colores de la Academia de Hollywood tienen un cierto toque manchego. A ver qué pasa en Marzo de 2011. De momento, la taquilla ha respondido bastante bien. Y, como dicen, si hablan de uno, aunque sea mal, todo está bien.

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Una respuesta a “Almodóvar, blanco o negro.

  1. No la dejas con demasiado atractivo para ir a verla.

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