La película de #15M

¿Estamos viviendo momentos históricos con las palabras #acampadasol #yeswecamp #nonosvamos? ¿Vamos a conseguir algo? ¿Se regenerará la clase política? ¿Habrá cambio del sistema electoral? No lo sé. Ojalá. La Junta Electoral de Madrid, ha ocurrido en otras ciudades también, ha prohibido la concentración de esta tarde a las 20.00 h en la Puerta del Sol. Pedazo de giro, ¿no? Si lo que quieren es que la manifestación no influya en el voto no podía ser más contraproducente para los intereses de los políticos. Pero lo que está claro es que esto está tomando tintes dramáticos. Momentos históricos, pedazo de giro, tintes dramáticos… ¿No podrían ser esos elementos de una tv movie o una película? Cada vez con más celeridad, los acontecimientos históricos son recogidos por la televisión o el cine, a veces cuando el propio acontecimiento está aún en movimiento. Dicho esto, ya están tardando algunas productoras de cine o televisión en dar el paso al frente y llevarse el encargo. Pero, claro, una cosa es lo que pasa, otra lo que se cuenta en los medios que pasa y otra, muy distinta, lo que se cuenta en la ficción que pasó. Y eso depende mucho de quien sea el encargado de escribir, rodar y producir la película. Y me he puesto a pensar en quién podría llevar esta historia a la pantalla. Planteemos hipótesis.

Si fuera Pedro Almodóvar, los manifestantes serían putas, yonkis y transexuales que aprovecharían el jolgorio para hacer un reality en plan el de Alaska y Mario. Las pasiones, desatadísimas. Beberían gazpacho con tranquilizantes en lugar de latas de cervezas de los chinos a 1,50 y todos estarían viendo en su Ipad ‘Mujeres al borde de un ataque de nervios’ alabando a la película y al director de la misma, a la sazón, el propio Almodóvar. Los cánticos empezarían todos con ‘Gran ganga, gran ganga, yo soy de Teherán’, haciendo así la relación con las revueltas árabes. Y al final, una manifestante daría a luz en un autobús y el padre le prometería que iba a nacer en un mundo más justo.

Si fuera una producción de Globomedia, los manifestantes se dirían todo el rato los unos a los otros frases del tipo “Yo te quiero, tío, porque tú eres como mi hermano”. Al final, después de tanta cerveza sin alcohol, llegarían los cantos regionales y, sobre todo, la exaltación de la amistad. Sí, aún más. La Junta Electoral pensaría que son buena gente y se bajarían todos a la plaza a unirse a la fiesta. Algunos padres se habrían llevado a sus hijos diciéndoles que en realidad es una fiesta de cumpleaños de la Constitución. Cuando cargaran los antidisturbios le dirían a los niños que todo es un juego y que gana el que más se esconda. Por supuesto, los niños serían huérfanos, por lo menos de madre, y estaría todo aderezado con una voz en off en la que una niña cuenta lo que aprendió ese día, es decir, aprendió que las fiestas de cumpleaños se celebran en la puerta del sol y con cerveza sin alcohol. Al final, todos, los manifestantes, los padres, los niños huérfanos, los antidisturbios y los de la junta electoral formarían una gran familia y se reunirían en un bar a comer bocadillos de jamón con un montón de product placement.

Si fuera una película de Julio Medem, los manifestantes serían todos clowns, perroflautas, saltimbanquis y malabaristas. Estarían bebiendo birra, tocando batucada, fumando porros y creando obras de arte vivientes por todos lados. Bebe sería la líder y gritaría aquello de “no les votes”, añadiendo la coletillas de “ellos son todos unos cabrones y nosotras, todas putas”. Todos pensaría que en realidad lo que pasa en la Puerta del Sol es sólo una excusa para estar de fiesta y lo que en realidad les gustaría sería irse a una isla hippy a vivir en una cueva y pintar en las paredes. Todos se pondrían a follar entre todos, haciendo todo tipo de combinaciones y posturas, como si fuera lo más normal del mundo. El amor es libre. Como colofón, Bebe, en un arranque de genialidad creativa, decidiría cagarle en la cara al presidente de la Junta Electoral de Madrid como símbolo del movimiento antisistema.

Podría extenderme con más cineastas y productoras españolas, pero sería un no parar. He de decir que me da miedo que la película de Medem no esté tan alejada de la realidad, pero aún así, no podemos soportar lo que para mí es un ejercicio de represión: la prohibición de la libertad de expresión. Dicho esto, me voy a Sol.

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