Viaje atrás en busca del amor

Llamadme cursi, romanticón o moña, pero en este momento de mi vida, mi libro de la mesita de noche es “El viaje al amor. Las nuevas claves científicas”, escrito por Eduard Punset. Yo, que no soy de ciencias y siempre les he dado un poco de lado, salvo cuando necesitaba recetas para curarme la resaca, sé reconocer en este hombre pequeño un don. Me crucé con él en el ascensor del hotel del festival de TV de Vitoria (por cierto, iba con resaca y hubiera necesitado unas recetas) y no supe ni siquiera expresarle mi admiración por lo perjudicado que estaba. Y eso que Punset seguramente me habría dado una explicación científica a lo que me ocurría y el mejor de los consejos. Seguramente el de “no bebas”. En cada apartado de este libro, como en cada programa de televisión de Punset, uno aprende algo, pero he destacado un apartado en concreto, uno que, aunque parezca mentira, creo que tiene mucho que ver con las series de televisión. Son las palabras siguientes:

Ahora pido al lector que se concentre, durante unos minutos, en un viaje en el tiempo, un viaje arqueológico que le dejará atónito (…) Más atrás de los 4.000 años se pierde el rastro de la escritura. La comunicación entre los hombres es gestual y cimentada en los cinco sentidos. La tradición, puramente oral y pictórica. Ya no hay legados escritos, ni contratos ni testamentos. Todo el mundo se muere con lo que lleva dentro. Sólo quedan los recuerdos intangibles en la memoria de los otros. Otros 5.000 años hacia el origen y no se tiene la capacidad para producir alimentos, cultivar la tierra ni domesticar animales. Se acabaron los asentamientos gregarios, las enfermedades infecciosas y la pobreza. (…) Nuestros antecesores deambulan libremente en busca de la caza. (…) Si seguimos acompañando a nuestro antecesor, dejando atrás la historia de 50.000 años, se esfuma el arte. Las mentes complejas y metafóricas, artistas y chamanes, ya no compiten por el amor del sexo opuesto alardeando de su genio y su dominio de los materiales pictóricos de las cuevas. Se deja, en cambio, el campo libre a los expertos en fuerza bruta y los sistemas naturales. En algún punto de ese largo camino se inventó el alma. Pero no fue una revelación, sino una intuición nacida de la práctica funeraria. Fue donde alguien se preguntó: “¿Qué pasa con la parte animada de este cadáver, la que ya no está aquí?” (…) Si retrocedemos 2 millones de años nos olvidamos de cómo fabricábamos herramientas. Y si nos vamos a 4 millones de años, ya no reconoceríamos a nuestros propios antepasados. (…) Siguiendo este viaje a los orígenes, hasta remontarnos a más de 3.000 millones de años, nuestro antecesor microbiano haría gala de un único atributo reconocible para este viajero singular del tiempo pasado: el impulso de fusión con otro organismo para sobrevivir. Para intercambiar genes, aunque no sirvieran todavía al instinto reproductor. Sólo el precursor del amor estaba en el comienzo de todo. Lo demás era, como se constata en este viaje arqueológico de regreso, perfectamente prescindible.

El amor, el amor es la clave porque ha estado ahí desde siempre. Hace un par de días, una compañera guionista y yo debatíamos sobre la serie en la que estamos trabajando. ¿Qué le va a gustar más a la gente? ¿La trama de misterio o las relaciones emocionales? Ella insistía en que la trama de misterio era secundaria. La gente vería nuestra serie por las relaciones entre los personajes, por los amoríos. Yo, aún sabiendo la importancia de lo “amoroso”, defendía que había que atar el misterio lo más posible, que lo demás debía ir supeditado al misterio. Probablemente teníamos ambos parte de razón. (Evidentemente, hay que cuidarlo todo) Pero, tras leer las palabras de Punset, te das cuenta de que cuando no había tramas de misterio entre nuestros antepasados ya existía el amor. De que cuando aún eramos sólo células ya existía el amor, de una forma u otra. De que es algo intrínseco. Y de que por eso (aunque no sólo) la gente quiere ver las series. Porque aunque no creas en el amor llevas dentro, sin reconocerlo, el concepto del mismo, desde hace más de 3.000 millones de años.

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Una respuesta a “Viaje atrás en busca del amor

  1. Esto no es ni mas ni menos que la teoría de os instintos primarios, tambien llamada ley natural, que no puede ser contradicha por ninguna ley humana

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