El Internado: punto y final

Ahora sí. Se acabó. Cuatro años, siete temporadas, un último capítulo y un evento de despedida el pasado lunes. Quizá la última vez en que nos volvimos a reunir parte del equipo (actores, directores, guionistas, productores). Desde que terminamos de escribir en agosto hasta el día del evento, los guionistas habíamos hecho alguna que otra despedida particular, una excusa como cualquier otra para vernos. Pero ya el lunes pasado dijimos: “Ya está”. El muerto está enterrado, aunque quede vivo en nuestras retinas a modo de recuerdo, de un gran recuerdo de duro trabajo, éxitos y gratificaciones, pero no se puede vivir del pasado: hay que mirar siempre hacia adelante. Al menos en cuestión de sentimientos.

Algunos seguimos trabajando juntos. Con otros probablemente trabajaremos. Nos seguiremos viendo como amigos, pero no para seguir celebrando sepelios. Quizá aún no se pueda hablar de perspectiva, pero cuando ha pasado una semana desde que se emitiera el último capítulo, de ver las reacciones dispares, pero en general favorables, de los espectadores en foros de internet y tertulias cara a cara, podemos estar contento. Más de un 60% de los espectadores pensó que el final fue bueno o muy bueno. El internado fue trending topic nacional en Twitter durante la emisión. Después de ver cómo 1.700 personas acudían en modo fan al evento de despedida del pasado lunes sólo para mirar a los actores de cerca por última vez (por los guionistas, normal, nadie preguntó), tras las reacciones del público a las 25 mejores secuencias de El Internado, podemos decir que alguien se acordará de lo que hicimos dentro de unos años. Y, sobre todo, se acordarán de la muerte de Fermín. Para bien o para mal.

Poco antes del evento, recibo un sms del productor ejecutivo, Mariano Baselga. “Estamos en el hotel Vinci, en la calle Jacometrezzo, a la espalda del cine Capitol”. Hacia allí me dirijo, pero el portero no se cree que soy guionista. “¿Tienes alguna acreditación?”. Estoy a punto de sacarle la tarjeta del FNAC, pero entonces viene Mariano al rescate. “Sí, éste es uno de ellos. Pasa”. Y paso. Subo a la segunda planta y hay parte del equipo tomando una copa, las chicas de prensa de Globomedia organizando a los actores para recibir algunas entrevistas, los guionistas, como siempre en una esquina, al fondo. Algunos actores me saludan. La mayoría no nos conocen. Iñaki Font (el teniente Garrido) nos dice que nos pasemos luego por su nueva coctelería en la calle Ballesta. Luego irán los actores allí a hacer la redespedida. Está alucinado. Dice que la gente le acosa por la calle increpándole por haber matado a Fermín. Tiene ganas de que todo el mundo vea ya a Raúl Fernández para  que sepan que no está muerto. Que sólo era una serie. Nunca nadie le había reconocido tanto por la calle y lleva media vida como actor.

Un par de cervezas y es hora de bajar al patio de butacas. La asistencia de gente es espectacular. Flashes de cámaras y móviles por todas partes. Los guionistas vamos en fila y, qué raro, no quieren dejarnos entrar. Pero al final entramos. Adolescentes y no tan adolescentes tuneados con camisetas de El Internado inundan la sala. Esperan ansiosos la llegada de los actores. No están todos. Faltan Yon, Martiño y Elena Furiase, por ejemplo. Quizá algunos de los que los fans ansiaban ver por última vez. Los cuatro niños actuando en plan estrellita, sombrero moderno sobre la cabeza de Denisse Peña incluido. Y me pregunto: ¿seguirán trabajando en el mundo del espectáculo?

Todos fueron aclamados, pero, sin duda alguna, el más más de todos ellos fue Raúl Fernández (Fermín). No estaba muerto estaba de parranda. Él y Marta Torné protagonizaron el último beso de María y Fermín ante un aplauso generalizado. Y luego, las secuencias. Las 25 mejores escogidas desde un punto de vista totalmente subjetivo. Los actores ya se las sabían y salieron a cenar.

Nos reencontramos de nuevo en la coctelería de Iñaki. Mojitos, caipirinhas, piscos. Risas, despedidas. Raúl Fernández nos dice que nunca había recibido un aluvión de mensajes tan grande como el del día de la emisión del último capítulo. Su muerte engrandeció el personaje, lo hizo crecer, lo hizo ser inolvidable. Estamos de acuerdo. Transmite ciertas dudas sobre el modo de morir. ¿Una simple cuchillada? Le decimos que tiene gracia: después de haber pasado por todo lo que ha pasado se lo cargan de la manera más vil (y por ser noble y no querer convertirse en asesino). Lo compra, sí, pero no le convence.

Ismael Martínez también debate con nosotros. Se va a tomar un tiempo sin buscar ansiosamente un trabajo. Quiere centrarse en su vida familiar. Ha tenido un par de ofertas que no le han convencido. Eso nos recuerda el siguiente paso que debemos dar todos nosotros, un dilema similar para todos, tanto actores, como directores, guionistas o equipo técnico. Buscar nuevos proyectos. Algunos ya tienen el suyo. Es el caso de Marta Hazas en ‘Bandolera’ o Irene Montalá en ‘El barco’. Poco a poco se va yendo la gente. Esto se acaba, ahora sí que sí. Algunos quieren prolongar la agonía en el karaoke de Mostenses. Otros nos encaminamos a casa para que al día siguiente sea el primer día de una nueva vida, la vida después de ‘El Internado’. Una de las cimas de todos nosotros. Eso seguro.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s