Te odio, pero no puedo dejar de leerte

En mi lista de Google Reader de blogs y páginas que visito habitualmente hay feeds de diferentes tipos y a los que sigo por diferentes motivos. Algunos los tengo por amistad. No es que no me gusten y los lea por compromiso, sino que los conocí porque eran mis amigos y, sin embargo, me gustan. De otros no conozco a sus autores, pero los sigo porque me aportan conocimientos. Aprendo de ellos, de guión, de cine, de viajes, de tecnología… Otros son blogs personales de gente que ni siquiera conozco, pero que por uno u otro gancho, me han pescado y al leerlos no puedo evitar sentirme como un vouyeur adicto a las vivencias de desconocidos. Y luego está el caso que me ocupa, el de aquellos que odio profundamente no comulgando la mayor parte de las veces con sus ideas, críticas o argumentos, pero a los que leo sin rechistar, quizá para poder cagarme internamente en sus antepasados. Creo que es un fenómeno habitual y que todos los lectores de blogs tenemos algunos de éstos. Y pienso, también, que en eso radica parte de su éxito, en la provocación pura y dura, un poco la base sobre la que comulga, por ejemplo, Federico Jíménez Losantos.

En mi caso, voy a hablar concretamente de tres blogs y tres individuos:

Espoiler, blog de Hernán Casciari en El País. El tipo ve muchas series americanas y, si acaso, argentinas (porque es argentino, se entiende). Sin embargo, no habla de ninguna serie española, porque las considera bazofia. Admiro su tiempo libre para ver tantas series y ser capaz de consumir tanta ficción. Detesto su altivez propia del argentino tópico, su ego, (desmedido incluso para un bloguero), su desprecio por todo lo que se hace aquí, excepto por la serie ‘Pelotas’, una de las peores que se han hecho en España (¿Quizá por amiguismo?), su fanfarronería, su lengua larga y alocada.

Asesino en serie, el blog de series del diario más independiente, elmundo.es, escrito pero esa pluma afilada que se llama Alberto Rey, una persona que escupe improperios sobre el talento de los guionistas españoles desde la ramplonería y el chiste fácil. Estoy seguro de que no ve más de cinco minutos de las series que critica. Seguramente sea cierto que los guionistas americanos sean más talentosos que los españoles, exactamente en la misma proporción en la que los críticos de televisión españoles son menos analíticos, argumentadores y redactores que sus iguales americanos. La crítica analítica no importa. Importa el insulto. Se hacen hasta críticas preventivas. Eso de “esa serie hecha en España tiene que ser mala” está bien para gente de la calle, pero no para un intelectual catódico al que se presupone (mal) que ha de ver un capítulo para hacer su (no) análisis.

El descodificador, escrito por mi ex compañero de trabajo Javier Pérez de Albéniz. Con este blog tengo una relación de amor-odio. Amor cuando habla de política. Odio cuando habla de ficción televisiva. Me gusta su ironía, su sacasmo, sus circunloquios, su ingenio. Pero creo que peca de dos cosas. Una, como crítico no se debe presuponer que todas las críticas que hagas sean negativas porque, si nada te gusta, ¿para qué eres crítico de televisión? Albéniz, también se pueden hacer críticas positivas y no sólo de tus amigos (véase Wyoming). Y, la segunda, manifiesta una profunda ignorancia de cómo funciona la industria de la televisión en España.

Entre los guionistas tenemos una coña. Si Alberto Rey o Albéniz dicen que tu serie de televisión española les ha gustado, cosa que ocurre rara vez en la vida, inmediatamente nos echamos a temblar, porque es sinónimo inmediato de que la serie no va a funcionar y nos vamos a quedar en el paro.

Reconocedlo, vosotros tenéis blogs que odiáis profundamente pero no podéis dejar de leer.

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2 Respuestas a “Te odio, pero no puedo dejar de leerte

  1. Suscribo, letra por letra, todo. Yo siempre leía a Trueba y Diego Galán cuando eran críticos de cine. En el momento que alababan una peli, huía de ella como alma que lleva el diablo. Cuando la criticaban, volaba a verla. Esto se llama “analogía por disimetría”.

  2. A mí me pasa lo mismo con las charlas digitales de Carlos Boyero en el País. Un crítico que se queja de que cuando viaja a Venecia o Cannes no puede disfrutar de la ciudad por el mucho trabajo que tiene acudiendo a pases de películas. Coño, cambia tu faceta de crítico cinematográfico por el de bloguero de viajes y se acabará tu amargura.

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