Historias del Sáhara: La familia de Abdalahe

Llegamos al campamento de refugiados de Smara, el más grande todos, a eso de las seis de la mañana. Hacía frío. Un coche que se dedicaba altruistamente a llevar a los enseranis (no musulmanes) a sus familias nos acercó a la daira de Farsía. “¿A qué familia vais?”, nos pregunta el vigilante de la Daira. “La familia de Aisa”, contestamos. No la conoce. ¿La familia de Minetu? Tampoco. ¿Abdalahe? “Ah, sí… venid, venid, es por aquí”. Y el hombre, linterna en mano, nos guía por la oscuridad hasta una jaima. Así es Abdalahe, conocido por todos y arropado por una familia muy especial.

Abdalahe tiene 23 años y es deficiente mental, con lo que ello conlleva viviendo en un no país como son los campamentos de refugiados saharauis. Nada más conocerlo te trasmite una sensación de buen rollo que perdurará en el tiempo, no sólo a lo largo de toda la estancia sino también con posterioridad a ella. Pese a que, gracias a su minusvalía, ha pasado varios veranos en España, sus conceptos en español se reducen a cuatro o cinco frases: “Arriba, arriba”, “¿Qué pasa tú?”, “No pasa nada”, “Ana (yo) quero mucho tú” y unas cuantas más, faltas que suple con una desbordante imaginación para explicarse a través de la mímica y que seas capaz de entender todo lo que te quiere explicar. Es cariñoso, te abraza todo el rato y se preocupa en todo momento por si te encuentras bien.

Abdalahe en un momento de reflexión

A pesar de su deficiencia, no tiene un pelo de tonto. En todo momento capta cualquier cosa de la que estés hablando y tiene mucho conocimiento sobre todo lo que es el Sáhara, los abastecimientos de ayuda humanitaria, las comunicaciones, las relativas nuevas tecnologías en los campamentos, la celebración del maratón cada año o las aptitudes de los presentadores de la televisión saharaui. Por todo esto, es uno de los mejores guías con los que te puedes encontrar en Smara, sobre todo, teniendo en cuenta su fama en el campamento.

Ama la música. Por eso inmediatamente se apropia del viejo mp3 que le llevamos a su hermana y lo pasea por los campamentos fardando de su posesión. Porque, eso sí. Abdalahe es un presumido de mucho cuidado. Le encantan las gafas de sol porque así parece de la ‘mafia’, las camisetas coloridas y las chicas. Gracias a él, descubrimos, cuál es la antena de teléfono, la de la televisión, las cubas donde los camiones cisternas descargan el agua que nosotros, los enseranis, no podemos beber, dónde está la ‘comisaría de policía’, qué comen las cabras que les dan leche y la escuela para niños deficientes a la que acude que cada día, pero que por nuestra presencia allí quiere evitar porque ha decidido hacer pellas.

Minetu, el verdadero sostén de está familia

Pero Abdalahe, aunque es el elemento más conocido de esta familia, no es el pilar de la misma. El pilar se llama Minetu y es una dulce muchacha de 20 años. Cuando llegamos, su madre, Aisa, de 43 años, está ‘encerrada’ en la jaima porque su marido, 45 años mayor que ella, murió hace menos de seis meses. El Corán dice que cuando muere tu marido, ningún hombre que no sea de tu familia te puede ver durante seis meses. Eso, dada mi estancia allí, implica dos cosas. Aisa no puede salir de la jaima mientras yo esté en su casa (nosotros dormimos en un beit, un cuarto hecho de adobe con techo de uralita). Y la segunda: Sólo puede salir de su casa por la noche, cuando, debido a la oscuridad y a la ausencia de tendido eléctrico es imposible que nadie la vea.

Jadiyetu se encargará de la casa una vez que su hermana se case

Hadiyetu se encargará de las labores cuando su hermana se case

Volvamos a Minetu. Debido al luto de su madre, esta chica de veinte años es la encargada de la casa, la que administra el poco dinero que tienen, la que limpia, hace la comida y cuida de sus hermanos mayores y sus hermanos pequeños. Por supuesto, cuida de Abdalahe, a quien tiene que dedicar especial atención, dada su condición. Cuida de Hadiyetu, su hermana pequeña de 15 años, que siempre está pero parece que no está. Te mira, observa, escucha y no mueve ni una pestaña. Pero si no está se le echa de menos. Y también cuida de Halihena, el pequeño, de 11 años, a quien Minetu ha dicho que no nos deje solos ni un momento y nos acompaña a cualquier sitio al que vamos. Falta el hermano mayor, Balla, a quien Alá no le dio tampoco la mejor cabeza, porque está en el ejército, en Tifariti, al lado del muro de la vergüenza que levantó Marruecos para frenar los avances del Frente Polisario.

Halihena, el benjamín de la familia

En pocos días sentimos esa familia como propia y creo que ellos nos sienten como su familia. ¿Cuál es el futuro de una viuda con dos hijos deficientes, dos niños pequeños y una chica de 20 años que, por cierto, está a punto de casarse, en un lugar como el Sáhara? Con los 90 euros trimestrales que ingresa Balla, las ayudas los hermanos mayores de Abdalahe (por parte de su padre), la fortaleza de Minetu (pese a su juventud), y lo poco que nosotros y otras ayudas humanitarias puedan hacer. Si en los campamentos de refugiados de Tinduf existen pocas oportunidades laborales porque no hay nada que hacer, en el caso de esta familia, las dificultades se multiplican. Pero con su alegría de vivir, su tenacidad y la esperanza de un futuro fuera de los campamentos, en una casa de un Sáhara Occidental libre, consiguen sobrellevarlo.

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3 Respuestas a “Historias del Sáhara: La familia de Abdalahe

  1. Hay otros mundos, pero se encuentran en éste

  2. Que asco de mundo. Que pena de religión (que todo lo fastidia un poco más)… y que mochila más bonita.

    Un poco de tristeza, pero también de esperanza a los que vivimos en la Europa de la piruleta.

  3. Pingback: La historia de Nayem el Gareh y de Marouff | El Niño Melón

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