La nueva televisión. Que Dios nos pille confesados. O no…

Año 2010. Año 1 de la nueva televisión pública sin publicidad. Año 1 del apagón analógico. Año del asentamiento de internet como enemigo o complemento de la televisión. Año 1 de las nuevas fusiones entre cadenas de televisión privadas y generalistas. Año 3 de la crisis económica mundial que se ha cebado especialmente con España, mucho más con los medios de comunicación, televisiones incluidas. Año negro, como describe el de Chamberí, para los que nos ganamos la vida entre los backstages de la caja tonta. Balance cuando estamos a casi 45 días del inicio de este 2010 de cambios:

Una televisión pública sin publicidad

Algunos auguraban el fracaso del modelo. Los partidarios de la calidad decían que al perder los ingresos publicitarios, el presupuesto iba a ser inferior para rellenar más minutos de emisión, lo que haría que se resintiera la excelencia de los programas, las series y los reportajes de TVE. Por otro lado, los fanáticos de la comercialidad pronosticaban un fracaso de audiencias por la disminución del presupuesto y por la pretendida orientación a esa ansiada calidad, para quienes aquello era sinónimo de aburrido.

Los resultados tras 45 días de televisión pública sin anuncios se han dado de bruces contra ambos bandos. La televisión que hoy por hoy emite la cadena pública es, en su mayor parte, de calidad y constituye un éxito de audiencias, sobre todo en lo que se refiere a informativos y series de ficción.

Algunos dirán que el secreto del éxito entre el público es precisamente la ausencia de publicidad. Y, en parte,  no les falta razón. Los expertos calculan en dos puntos de share más la diferencia entre una serie o un programa de la 1 antes de Navidad y ese mismo programa ahora. Pero en mi opinión han sabido mantener la compostura vendiendo programas de servicio público y series atractivas con un componente histórico-social.

También es cierto que las series que ahora mismo hay en la 1 (‘La Señora’, ‘Águila Roja’, ‘Cuéntame’) manejan presupuestos de 2009 y otros expertos aseguran que conforme vaya pasando el tiempo se notará el bajón financiero y toda la programación, especialmente la ficción, se resentirá. Algo ha llegado a mis oídos sobre los problemas económicos del canal público de cara a futuras series en desarrollo.

El apagón analógico. ¿Demasiados canales? ¿Nada bueno?

Llegará el 3 de abril de 2010, pero ya estamos notando sus efectos. Las audiencias están cada vez más fragmentadas. Un 15% de share, que hace unos años era motivo suficiente para dar el finiquito a una serie, se convierte hoy en un dato aceptable. Los canales de TDT aglutinan ya cada día a más del 20 % de la audiencia. Y cuando ya no exista ningún receptor analógico, está fragmentación se agudizará. ¿Es éste el fin de los grandes presupuestos? Sí, pero sólo en parte.

Se tenderá a hacer productos baratos (lo que irremediablemente puede significar sueldos más bajos), pero se permitirá, posiblemente hacer productos diferentes, más arriesgados, que se conformen con encontrar un nicho de mercado. Exactamente lo mismo que sucede con las revistas especializadas. Será bueno para determinados anunciantes que conseguirán que su publicidad sea más eficaz. Será igualmente buena noticia para los que queremos hacer series que no tengan que aglutinar delante del televisor a todas las generaciones de una misma familia. Será malo para hacer una superproducción.

35 canales en la TDT, TDT de pago, canales de pago por cable, por teléfono, via satélite ¿Es para volvernos locos? De ninguna manera. Sólo hay que hacer un esfuerzo por seleccionar.

Internet y una nueva manera de medir las audiencias

Las cadenas ya no sólo juegan en las pantallas panorámicas de taintantas pulgadas. Ya no sólo están destinadas para el público que se sienta en un sofá a verlas venir. La televisión juega también en internet y en la denominada programación a la carta. Ahora, la mayoría de los directivos de televisión, por lo menos los que son inteligentes, ordenan colgar sus programas y capítulos de series en sus páginas web inmediatamente después de ser emitidos por televisión. Los hay, incluso, que lo hacen antes. Doy fe. La televisión y sus webs se complementan y se produce un feedback que alimenta al canal, a la versión digital y a los telespectadores internautas.

Esto abre un nuevo abanico de posibilidades tanto para el espectador (descargas alegales aparte) como para los propios canales. La interactividad también es cada vez mayor. Y abre nuevas vías de financiación a los productos televisivos, que podrán generar ingresos publicitarios también a través de internet.

Debido a estos cambios a los que nos hemos visto sometidos o nos vamos a someter a lo largo de este año, es muy importante que, por lo menos las webs como vertele o FormulaTV, expongan los éxitos o fracasos de cada producto de otra forma. Es decir, exigimos una nueva forma de medir las audiencias en la que, por un lado, no sea lo mismo un 20% en TVE que en cualquier otra cadena y, por otro, se exponga el dato de número de descargas de, por ejemplo, un capítulo de una serie, en la página web de los canales de televisión. Así, por ejemplo, un capítulo de ‘El Internado’ emitido en Antena 3 puede tener un 16,1% de Share, unos 3 millones de espectadores + 1 millón de descargas sólo en antena3tv.com.

La tele está cambiando y nosotros debemos mutar con ella, tanto como ususarios/telespectadores como si queremos vivir de ella.

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