La importancia del subtexto

En el campo de la narrativa audiovisual existe una vieja teoría que dice que en el cine se sugieren los sentimientos y los pensamientos de los personajes, mientras que en la televisión de verbalizan. Aunque en parte sigue vigente, se ha quedado un poco obsoleta, puesto que las fronteras entre el cine y las series de televisión se han difuminado. Ahora, cuando escribimos una secuencia para una serie, tratamos de darle importancia al subtexto. Es mucho más difícil de escribir pero, al final, todo queda mucho más elegante. Es difícil porque te expones a que lo que quieres transmitir no queda del todo claro. Lo que sí es meridiano es que el subtexto es importante.

Traslademos esta práctica a un campo mucho más terrenal: el fútbol. José Mourinho, por ejemplo, es un macarra del texto, mientras que Pep Guardiola es un artista del subtexto.

Un ejemplo.

Después del partido de vuelta de cuartos de final de Copa entre el Barcelona y el Real Madrid, el entrenador portugués fue al parking del Camp Nou a esperar al árbitro. Cuando Teixera Vitienes apareció por allí, Mourinho le increpó:

“¡Como te gusta joder a los profesionales!”

Mourinho quería dejar claro que no estaba para nada de acuerdo con el arbitraje del colegiado y que pensaba que había perjudicado los intereses del Madrid y favorecido los del Barça. Lo dejó meridianamente claro desde el texto.

En cambio, Guardiola, después del partido del pasado domingo disputado en el Vicente Calderón, declaró en rueda de prensa lo siguiente con un tono sospechoso.

“No podemos ganar la liga, pero vamos a competir hasta el final”

Lo que en realidad el entrenador catalán quería decir es: “No podemos ganar la liga porque los árbitros no dejan de favorecer al Madrid”. Pero como lo dijo Guardiola es mucho más elegante, como más simpático. Dónde va a parar. Entra mucho mejor, con vaselina. Incluso con olor a colonia. Pero a buen entendedor, y álgunos árbitros lo son, es suficiente.

Como en el cine y en las series de televisión, surgen imitadores. Por ejemplo, el Cholo Simeone, entrenador argentino del Atlético de Madrid, cuando llego a España lo tuvo claro y penso: “Tengo que hacer lo mismo que Pep”. Por eso se pone las mismas corbatas que Pep y por eso filisofa en las ruedas de prensa en lo que ya se ha dado en llamar el “cholismo ilustrado”. Y también trata de utilizar el subtexto. Lo hizo el pasado domingo, en la rueda de prensa posterior al partido. Declaró.

“No vamos a discutir si hubo penalti de Busquets o lo de Alves fue roja”

Lo que quería decir es: “Vale, hemos perdido, pero que sepáis que lo de Busquets fue penalti y debieron expulsar a Alves”. Aunque es poco elaborado, como de primero de “subtexto”, funciona bien. Es un clásico. Mucho más sutil que cuando Simeone era jugador y clavaba los tacos en las piernas de otros futbolistas.

Inside Job + Margin Call

A finales de 2007 y principios de 2008 hice un parón en mi carrera de guionista para participar como periodista en la puesta a punto y el arranque de Soitu.es. Allí conocí a la periodista Ana Cañil (@anarcanil), que ya tenía tras sí una dilatada carrera en prensa en el campo de la Economía. Por entonces, mi interés en la sección de Economía de un periódico era bastante limitado. Ana Cañil comenzó a decirnos a varios redactores que, si no nos gustaba la Economía, nos tendríamos que preparar porque en poco tiempo íbamos a tener que ponernos al día en terminos económicos a marchas forzadas obligados por las circunstancias.No le faltaba razón. Pocos meses después se desataba en el mundo la mayor crisis económica desde 1929, una situación que está afectando muy especialmente a España. Y, aunque todavía me falta mucho, me he puesto las pilas.

En este tiempo los profanos nos hemos visto sin quererlo familiarizados con términos económicos que pueblan los titulares de los medios como “prima de riesgo”, “techo de déficit”, “agencias de calificación”, “venta de deuda”, “hipotecas basura”, etc… Todo esto nos sonaba a chino hace poco.

En los últimos dos años se han estrenado dos películas fundamentales para entender la verdad de lo que está pasando, largometrajes que he podido visionar en los últimos días. Una de ellas es el documental ‘Inside Job’, en el que el debutante Charles Ferguson disecciona los motivos que llevaron al crack y desnuda casi hasta la autoinculpación a los culpables, los grandes hombres de los poderes fácticos financieros. La segunda es una película de ficción, ‘Margin Call’, dirigida por otro debutante: JC Chandor. Narra el momento en que una hipotética empresa de inversiones bursátiles descubre o asume que lo que ha vendido durante años es humo y decide dejar el barco antes de que se hunda. Cada uno que la vea, que interprete en qué empresa se basó Chandor.

Llama la atención que las dos mejores películas sobre la crisis económica hayan sido ideadas, escritas y dirigidas por dos cineastas debutantes. ¿Es que los consagrados no están interesados en el tema? ¿O es que no les interesa interesarse?

Ambas películas dejan de manifiesto varios conceptos, como, por ejemplo, la hipocresía y el cinismo de los grandes actores financieros de la crisis. Muchos no quisieron reconocer lo que estaba a punto de pasar y cuando no tuvieron más remedio que reconocerlo, decidieron escurrir el bulto y salvarse de la quema. Es decir, siguieron llenándose los bolsillos sin ningún escrúpulo a costa de la ruina de la mayoría. Otra idea que trasmiten es que nadie se hace asquerosamente rico trabajando honradamente y que, para conseguirlo, hace falta ser un verdadero hijo de puta. Dentro de los que trabajan en eso, los hay con más o menos escrúpulos o cargos de conciencia, pero, al final, todos se venden al poder del dinero, aún sabiendo que lo que hacen es moralmente reprobable. Dejan claros que existen dos tipos de personas: la gente real y ellos.

El becario de la empresa de ‘Margin Call’ gana 250.000 dólares al año. El jefe supremo, hizo el último año 86 millones de dólares. Uno de los jefes se gasta en un año 76.500 dólares en putas. Y el becario está especialmente obsesionado con cuánto gana cada uno de los jefes, dejando bastante claro cuál es su objetivo en la vida.

Dijeron que iba a refundar el capitalismo, que el sistema estaba obsoleto y tres años y medio después, seguimos con los mismos fundamentos, con una economía cada vez más desregulada y liberal, que acrecienta las diferencias entre los pocos que tienen mucho y los muchos que se han quedado con poco. Ambas películas dejan claro que los que nos metieron ni han dejado ni van a dejar de seguir haciéndose cada vez más asquerosamente ricos.

Recomiendo para estar al tanto de la actualidad política y económica de España el blog que coescriben Ana Cañil y Pilar Portero (@pilarportero): Tudosis.es

El espectáculo de la tortura

Cuando era pequeño, mis amigos y yo no perdonábamos la excursión anual al Museo de Cera de Madrid. Nos lo pasábamos como enanos que éramos. Pero la estatua de cera estrella no era ni la de Emilio Butragueño ni la de Arnold Schwarzenegger. La principal atracción era la sala de toturas de La Inquisición. Había algo de fascinación ante la barbarie y de impresión ante la espeluznante manera de maltratar a los humanos. Era algo que se veía lejos, muy lejos en el tiempo, pero con horror descubrimos que está tan cerca como el propio siglo que vivimos. Hoy la maquiavélica cabeza del ser humano sigue imaginando maneras de torturar a las personas, con el objetivo de sacarles información o, las más de las veces, por el puro placer de hacerlo.

Damien Corsetti fue un soldado estadounidense que se convirtió en el ejemplo para el mundo de torturador en las guerras de Afganistán y de Irak. Sin haber recibido formación para ello, se convirtió en interrogador profesional en la cárcel de Bagram (Afganistán) y Abu Grhaib (Irak). El ejército de Estados Unidos quiso personalizar en él las culpas de algunas ovejas descarriadas de su rebaño, sin reconocer que era el propio sistema militar norteanericano el que provocaba que se produjeran tales aberraciones. Corsetti fue apodado ‘El monstruo’ por algunos compañeros soldados, pero no por su cruel manera de interrogar, sino porque ya llevaba esa palabra (Monster) tatuada en su cuerpo.

El corresponsal del diario ‘El Mundo’ en Washington, Pablo Pardo, conoció a Damien Corsetti, intimó con él, llegó a considerarse amigo de él y lo entrevistó para escribir ‘El monstruo’, un reportaje periodístico publicado por la recién nacida editorial Libros del KO. Los editores son amigos míos, y han sido tan valientes como para lanzarse al vacío creando una editorial en un momento como éste. El corresponsal de ‘El Mundo’ en Washington no es mi amigo, pero eso no quita para que no hable de su obra en este post. Un libro escrito de manera atropellada en su primera parte, y mucho más clarividente en la segunda, sobre un tema que parece sacado de una película, pero que, oh sorpresa, es la cruda realidad.

El libro relata, en una primera parte, la estancia de Damien Corsetti en la cárcel de Bagram, dónde, hasta arriba de jachís, asistía al sinsentido de la guerra y ejecutaba los interrogatorios sin preguntarse si lo que hacía estaba bien o mal. Irónicamente, la guerra sirvió para que se culturizara sobre los países en los que estuvo. Uno aprende qué es el waterboarding, la crueldad informal, la privación del sueño o sixteen to sixty. Más adelante, el soldado Damien Corsetti fue trasladado a Irak. Y allí empezó a replanterarse la legitimación de lo que hacía, la justicia de esa guerra. A través del testimonio de Corsetti, se muestra la chapuza que hizo y sigue haciendo el ejército de Estados Unidos en Irak, la falta total de planificiación y la destrucción por placer. Esto se aprecia muy bien también en la maravillosa serie de David Simon para HBO ‘Generation Kill’, que ahora me estoy tragando. Si después de leer ‘El monstruo’, uno ve ‘Generation Kill’, sin lugar a dudas, uno piensa: esto es lo que de verdad pasaba en Irak en ejército de Estados Unidos. Y sí, tengo pendiente ver ‘Taxi to the dark side’.

El final del libro te cuenta el dramático viaje judicial y burocrático por el que deambuló Corsetti hasta ser juzgado por un tribunal militar.

Netflix

Va un post controvertido. Cuando toda la polémica de la Ley Sinde, me mordí las yemas de los dedos y no escribí nada. Cuando se destapó la trama de corrupción de la SGAE y algunos lo utilizaron para atacar los derechos de autor, hice lo propio. Sobre la SGAE sigo teniendo reservado mi post particular para cuando termine mi conflicto con ellos, si es que termina… Pero por fin me he decidido y he tenido tiempo. Aquí está mi reflexión sobre Netflix, la palabra salvadora para muchos al hablar de piratería en el mundo audiovisual.

Dicen que la industria del cine espera como agua de mayo la llegada de Netflix a España. Muchos piratas argumentaban que si en nuestro país hubiera un Netflix a precios asequibles, con un catálogo en el que estuviera prácticamente todo, y al que, por supuesto, tuviera acceso una persona con una conexión a internet desde el pueblo más recóndito donde no existe el FNAC ni videoclubs bien provistos, entonces…. sólo entonces… dejarían de descargarse películas y series ilegalmente y estarían dispuestos a pagar un poco.

Y, claro, no valen plataformas como Fimin (demasiado alternativo) o Filmotech (demasiado patriótico). Tiene que ser Netflix.

Y Netflix dio el paso y anunció que llegaría a España en enero de 2012. Mi opinión es que la industria del cine y la tv, sobre todo norteamericanas, se alegró… y la mayoría de los que decían que si estuviera Netflix en España volverían a pagar por contenidos audiovisuales, se acojonaron.

Pero tranquilos, Netflix va a retrasar su expansión a Europa debido a problemas económicos. Parece que los estadounidenses se han empezado a echar atrás en eso de pagar por ver películas en streaming y las acciones de la plataforma americana han caído en Bolsa. Podemos seguir pirateando justificándonos a nosotros mismos.

Mi postura:

Es cierto que la industria audiovisual se debía actualizar llegando a todos los lugares, con el catálogo más amplio posible y a precioa asequibles. Los canales de televisión españoles, con sus series, ya lo están haciendo. Pero creo que esa iniciativa nunca tendría éxito si no existen leyes restrictivas contra las descargas ilegales que se cumplan. Sencillamente porque en España nadie o casi nadie quiere pagar si tiene a mano una descarga rápida gratis. Y eso, con las velocidades que se manejan ahora en las conexiones de internet, es pan comido. Creo, además, que para conseguir más adeptos, las plataformas que existen o las que vengan, deberían permitir, no sólo el visionado en streaming, sino también la posibilidad de la descarga de las películas para su posterior visionado en un televisor convencional (moderno pero sin conexión a internet).

Ea, ya está. Lo he dicho.

Chapero-Jackson

Uno de los nombres del panorama del cortometraje que más llama la atención es el de Eduardo Chapero-Jackson. No sólo es por sus apellidos, sino que sus tres cortometrajes han deparados buenas críticas y numerosos premios tanto a nivel nacional como internacional. Está de actualidad porque está punto de estrenar ‘Verbo’, su ópera prima, protagonizada por Miguel Ángel Silvestre y Verónica Echegui.

Como, por esto o por lo otro, nunca había visto sus cortometrajes y, aprovechando que tuve un rato libre, quise visionar su filmografía para hacerme una idea de lo que podía esperar de ‘Verbo’. Una de las cosas que más me llamaron la atención antes de verlos es que Chapero-Jackson había conseguido comercializar sus cortometrajes. Se exhibieron bajo una trilogía con el título de ‘A contraluz’ y se distribuyeron para venta en DVD. Es todo un logro para un cortometrajista.

Sus tres cortometrajes son ‘Alumbramiento’, ‘Contracuerpo’ y ‘The End‘, este último rodado en Estados Unidos y en inglés.  Los reúnen tres características: casi ausencia de diálogos, temática al límite (la espera de la muerte, anorexia o la falta total de agua) y capacidad para penetrar en la psicología de los personajes.

‘Verbo’ se ha proyectado en Sitges con buenas críticas. No sé cuál será el resultado, pero lo que si sé es que, al ver la obra de Chapero-Jackson, uno se da cuenta de que no está ante un cineasta convencional. Sólo por eso, quizá merezca la pena ver la película, aunque no os haya contado ni un dato sobre qué trata. Luego ya tendremos tiempo de arrepentirnos.

Sol

Vale, sí, no he escrito en mucho tiempo… Bueno, sí, un post sobre una peli, pero tengo que confesar que era un texto de archivo que esperaba la ocasión oportuna almacenado como borrador. No es que se me hayan acabado los temas, podría haber escrito algunas gilipolleces que se me han ido ocurriendo, pero me ha faltado el tiempo porque hace algo más un mes que estoy inmerso en el proyecto más importante de mi vida. Se llama Sol.

Cuando nací, Chicho Ibáñez Serrador le regaló a mi padre encuadernado con buenas tapas el periódico de aquel día, para que cuando fuera mayor pudiera ver las cosas que ocurrieron el día de mi nacimiento. Curiosamente, en 1977, después de las primeras elecciones democráticas en 40 años, el país en el que hoy vivimos estaba por construir y las noticias de los periódicos eran un hervidero de movimientos políticos encaminados a llevar a buen puerto la transición.

Sol, como he dicho, nació algo más de un mes, y sí, compré el periódico. Pero creo que, más que recordar, lo que sucedió el día que ella nació, lo que sí voy a tener presente es lo que ha sucedido hoy: ETA ha abandonado definitivamente la violencia. Ojalá sea requeterefinitivo, porque no quiero que me mi hija crezca acostumbrada a que los coches bomba, los tiros en la nuca y los secuestros sean noticia de uso común en los informativos de televisión, las radios, los periódicos y los medios digitales, cosa que a lo que yo, por desgracia, sí me acostumbré durante mi infancia en los ochenta.

Es verdad que ella ha nacido en la mayor crisis económica de Europa desde la Segunda Guerra Mundial, que España no había estado nunca tan atrasado en los económico y en los niveles de empleo en lo que llevamos de democracia, que todo lo avanzado en materia social se está viendo recortado en los últimos tres años y, por lo que pinta, los tijeretazos van a ir a más. Pero, al menos, España es hoy un país que no vive aterrorizada por unos matones. Bueno, y, lo olvidaba, somos campeones del mundo.

Closer

Qué película más controvertida, ¿verdad? Parece una de Almodóvar en el sentido de que la odias o la amas, pero no te deja indiferente. La vi en 2004 en el cine cuando la estrenaron y me hizo pensar mucho sobre ella en los días posteriores, tan posteriores que me hace pensar aún hoy. Es posible que me haya servido de inspiración en cierto modo en algunas cosas que he escrito.

Según Filmaffinity ‘Closer’ es una historia de pasiones, sexo, amor y abandono que involucra a dos parejas, con una situación que se complica cuando el hombre de la primera pareja conoce a la mujer de la segunda pareja. Lo cierto es que Closer habla, sobre todo, de personajes egoístas, gente que se mueve por el deseo, celos descontrolados, posesión, indefinición de sentimientos y, para ello, utiliza a dos parejas intercambiando a sus componentes. Yo creo que los que aman Closer lo hacen porque representa una parte de la vida muy real, la que corresponde a su propia vida. Y los que la odian, lo hacen por dos posibles motivos: o porque experimentan rechazo al sentirse reflejados en esos conflictos o, al contrario, porque son tan ajenos a esos conflictos que los consideran incomprensibles o irreales.

Tengo algunos amigos que consideran que Closer “es una película demasiado frívola que trata de pijos atormentados sin sentido”. El crítico de Filmaffinity dice que “nada resulta creíble: ni las situaciones, ni las pasiones de los personajes, ni sus motivaciones…”. La única crítica de un usuario que hay en la página en español de imdb también es negativa.

Sin embargo, también hay críticos que la alaban. Por ejemplo, Mirito Torreiro escribió en El País: “Tiene un excelente guión, lleno de diálogos inteligentes (…) suprema elegancia en el uso de las elipsis (…) El resultado final es una de esas raras películas que rezuman inteligencia por los cuatro costados, con unos actores, espléndidos todos”. José Manuel Cuéllar, de ABC, dijo: “Cuchilladas sin piedad en nombre del amor. (…) Nichols vuelve a hacer una exhibición de garra, mano firme y dura en la narración, sin un atisbo de alivio para los protagonistas (…) El gran triunfador de la película es Clive Owen (…) Muy buena.”

Independientemente de si eres de los que la aman o de los que la odian, creo que es una película imprescindible, sobre todo para sentirse identificado con uno de los bandos, con el de los viscerales o con el de los racionales.

Y, siendo un poco frívolo, ¿quién tendría las cosas claras para decidirse entre la dulce, desconcertante, mentirosa y provocadora Nathalie Portman y la bella, sofisticada, elegante y talentosa Julia Roberts?